
El 2 de febrero un conductor dio 1,40 g/l de alcohol en sangre tras chocar en el macrocentro. Este miércoles 4 de marzo, otro colectivero colisionó contra un camión y admitió haberse quedado dormido. Crecen los cuestionamientos por los controles.
A exactamente un mes de un grave episodio con un chofer alcoholizado, este miércoles 4 de marzo volvió a registrarse un siniestro protagonizado por una unidad que presta servicio para SAETA, lo que reavivó la preocupación por la seguridad en el transporte público.
El 2 de febrero, un conductor de la empresa San Ignacio perdió el control del colectivo en el macrocentro y terminó impactando contra postes y un árbol. Tras el test de alcoholemia, se confirmó que manejaba con 1,40 gramos de alcohol por litro de sangre, un nivel alarmante para quien transporta pasajeros.

Hoy, 4 de marzo, otro hecho encendió nuevamente las alarmas. Un chofer de colectivo que operaba para SAETA chocó contra un camión de la empresa Agrotécnica Fueguina. Producto del impacto, varios pasajeros sufrieron golpes leves.
Según relató una pasajera que viajaba en la unidad, tras el choque el conductor se habría disculpado con el camionero y le dijo que se había quedado dormido mientras conducía. La confesión generó indignación entre los usuarios, que cuestionaron cómo es posible que un chofer circule en esas condiciones.

La reiteración de episodios en apenas un mes pone el foco en los controles sobre los conductores y en las condiciones laborales. Usuarios y vecinos se preguntan si se están realizando controles de alcoholemia y evaluaciones de descanso con la frecuencia necesaria.
La demanda es clara: reforzar los controles antes de que ocurra una tragedia. “No se puede esperar a que pase lo peor para recién actuar”, señalan pasajeros que, a diario, dependen del transporte público para trasladarse por la ciudad.
