Las Ruinas de Tastil. Salta

La Ciudad precolombina de Santa Rosa de Tastil, ubicada a 106 km de nuestra Ciudad, siguiendo la ruta nacional 51, en la Quebrada del Toro, a mas de 3200 msnm. Aquí habitaron mas de 3000 personas de la comunidad diaguita atacameña, y por su ubicación estratégica estaba conectada con el Valle Calchaqui, La Puna, la Quebrada del Toro y el Valle de Lerma y asociada a las regiones culturales de la Quebrada de Humahuaca y la cuenca del Calchaqui. Por lo tanto funcionaba como un centro de intercambio y de distribución de los centros de producción agrícola, ganadera y minera. Su despoblamiento se debió a la ocupacion inca hacia el 1400 dc., cambiando la estructura espacial y comercial, trasladando a este centro político a Potrero de Payogasta, en el Valle Calchaqui, y asentándose en los centros de producción para su total control. Tastil será solo una posta mas en el camino regional y sus pobladores sometidos y obligados a trabajar para el imperio.
Actualmente es uno de los cuatro sitios de Salta, declarados como Patrimonio Mundial de la humanidad por la Unesco, junto a Potrero de Payogasta, Los Graneros de La Poma y el Complejo Ceremonial del Volcan Llullaillaco, como parte del circuito Vial Andino, Qhapaq Ñan. Las Ruinas de Tastil a 3200 msnm, en la quebrada del Toro, se la conoce como la enigmática Tastil y es la ciudad prehispánica más grande del país que todavía deslumbra a los arqueólogos

Este sitio arqueológico, situado en los Valles Calchaquíes salteños, llegó a tener 3000 habitantes en el siglo XIV entre los Valles Calchaquíes y la Puna, la ruta 51 que une Salta con Chile a través del Paso de Sico bordea montañas que se alzan hasta las nubes, superándolas. El sol se muestra sin intermediarios. El viento es áspero. El clima árido. Encajonada entre cerros policromáticos nace la Quebrada del Toro y allí se descubre el sitio arqueológico Tastil, la ciudad precolombina más grande del país. Hasta mediados del siglo XIV llegó a tener 3000 habitantes, que desaparecieron en el apogeo de su cultura. El por qué lo hicieron es una duda que aún estudian los arqueólogos. El enigma tastileño está a 3200 metros de altura y es Patrimonio de la Humanidad.

“Es poco lo que se sabe”, afirma Christian Vitry, arqueólogo salteño y director del Qhapaq Ñan Salta (Camino del Inca) que trabaja para desentrañar los misterios en el propio territorio. “Lo único que quedan son las manifestaciones de arte rupestre y las ruinas”, sostiene. Como si fueran detectives, él con su equipo deben “decodificar” la escena y presentar hechos y sucesos.

Las ruinas de Tastil, recuerdan a Machu Pichu, ambos tienen la misma categorización para la Unesco: por las ruinas salteñas pasa el Camino del Inca y que fue declarada Monumento Histórico Nacional

“La política cultural no le presta atención a esta historia prehispánica, faltan recursos para poner a Tastil al menos al 10% de Machu Pichu”, confiesa Vitry.

Él reconoce que ambas ciudades comparten la misma importancia arqueológica, aunque a diferencia del sitio peruano, falta mucho aún por conocer de la cultura tastileña. “Es una historia viva, los descendientes de los Tastiles están vivos, son únicos”, asegura. Sin embargo, en el país faltan políticas que alienten la preservación y la investigación de la diversidad de nuestro origen.

¿Cómo es Tastil, qué secretos guarda y quiénes eran los tastiles? Desde la base y hasta la cima de un cerro, a un costado de la ruta 51, en una superficie de 12 hectáreas se presentan 1114 recintos, y entre 400 y 500 viviendas hechas de lajas de piedra, sin argamasa, que se elevan un metro desde el suelo. “Fue una ciudad muy organizada”, afirma Vitry. Tuvo calles principales, y secundarias, plazas, enterratorios, sectores de corrales, de cultivo y depósito, molienda de granos y sitios dedicados a ceremonias. “Tuvieron metalurgia, actividad textil y un calendario”, describe Vitry.

Los tastiles dejaron una gran herencia pictórica en cientos de petroglifos, que son las únicas señales de su desarrollo cultural. Entre lo que se encontró se destaca un calendario. “Es claramente lunar, porque tiene 28 compartimentos”, afirma Vitry. Luego existen otros de siete y de 11 que tiene que ver con los meses de gestación de la llama, principal medio de transporte de cargas y alimenticio. “Un calendario de nueve compartimentos se relaciona con la gestación humana”, sostiene.

La religión o la cosmogonía son un misterio, aunque a través de los petroglifos y en lo hallado en los enterratorios pueden atarse cabos. “Podemos advertir un gran culto a la tierra”, confirma Vitry. Pero también a las serpientes, relacionadas con la fertilidad y con los avestruces o suris, “los anunciadores de lluvia”. Para Vitry tuvieron una religión muy anímica. “Todos los elementos de la naturaleza tenían un camaquen, un principio vital, que da vida a las cosas”, sostiene. Aún hoy estas creencias se pueden ver en el culto a la pachamama de los habitantes de la Quebrada, los valles y la Puna.

“Creemos que fueron sometidos por los incas”, acuerda Vitry acerca del fin abrupto que tuvieron los habitantes de Tastil. Que concuerda, además, con el apogeo del imperio incaico. “No se tiene la certeza absoluta de su origen”, agrega. Las investigaciones que ha llevado a cabo el doctor en ciencias naturales de la Universidad de La Plata Eduardo Cigliano en los 60 y 70, y también la de Vitry, conducen a algunas conclusiones: eran diaguitas atacameños y calchaquíes, que hablaban las lenguas kunza y kakan, con una fonética similar. “Tastil fue una ciudad cosmopolita”, aclara Vitry.

Las Ruinas de Tastil están en el Departamento de Rosario de Lerma. Existen dataciones carbónicas que nos permiten afirmar que entre el 900 y el 1400 DC estuvo habitada la ciudad. Primero vivieron en la base del cerro para tener acceso directo al agua y luego se elevaron para tener dominio del entorno en la altura. Por los petroglifos es posible determinar que hubo influencia de la cultura “Aguada”, que existió entre el 600 y el 900 DC, en la región del lago Titicaca, Bolivia. “También vemos influencia incaica y colonial”, afirma Vitry.

“Tastil fue una zona franca”, sostiene el arqueólogo, para usar términos actuales. En toda la región de la Puna y los Valles Calchaquíes había muchos grupos étnicos que estaban en disputa. Los caravaneros que venían de Atacama [Chile], los del este [Chaco] traían además de productos (por ejemplo semillas) lo más preciado en aquel entonces: información, y podían quedarse en Tastil, sin problemas. “Con información se podían hacer estrategias de poder”, sostiene Vitry. De aquí la importancia de este enclave.

¿Cómo fue que una ciudad con miles de habitantes, con capacidad de generar una cultura espiritual, social y productiva tan inmensa, desapareció? Los incas parecen ser la respuesta.

Por aquí pasa el Qhapaq Ñan. Este sistema vial unió Colombia con el norte de Mendoza, conectando los principales centros poblaciones y productivos del imperio incaico. Tuvo una extensión de 40.000 kilómetros y por allí transitaban los chasquihuasis, los corredores que iban llevando mensajes de una punta a la otra. “El camino del Inca fue el primer ferrocarril e internet que tuvo Sudamérica”, señala Vitry.

Se estima que en sus momentos de apogeo, a fines del siglo XV, la población de Tastil superaba los 2000 habitantes
Se estima que en sus momentos de apogeo, a fines del siglo XV, la población de Tastil superaba los 2000 habitantes
Ricardo Pristupluk – La Nacion
“Tastil debió haber sido una amenaza para ellos”, afirma. A inicios del siglo XIV se produjo la invasión de los incas en toda la región. “Sometieron a las poblaciones locales, obligándolas a entrar en el sistema tributario estatal”, explica Vitry.

El colapso de Tastil se podría explicar por esta teoría: sus habitantes debieron abandonar la ciudad para dedicarse a la producción para mantener el imperio incaico, quebrándose todo su sistema sociopolítico. Otras dos teorías: sobreexplotación de sus recursos, o algún acontecimiento natural.

Santa Rosa de Tastil está a dos kilómetros del sitio arqueológico. Es un pueblo mínimo, donde viven 20 habitantes. Hay una escuela, una pequeña sala sanitaria, una capilla hecha de adobe y cardos y un Museo temático de las ruinas. Algunos venden sus artesanías y un pequeño comedor ofrece locro, empanadas y tamales. Extraen agua de un río próximo. La electricidad la tienen por energía solar, aquellos que pueden tener pantallas.

“Pero no podemos tener heladeras, es solo para la iluminar de noche”, afirma Gabriela Zerpa, quien vive allí. Se consideran herederos naturales de sus ancestros, los tastiles. Para ellos la ciudad quedó vacía porque antes de ser esclavos de los incas, decidieron desaparecer en los cerros.

Las Ruinas de Tastil tiene entre 400 y 500 viviendas hechas de lajas de piedra, sin argamasa, que se elevan un metro desde el suelo
Las Ruinas de Tastil tiene entre 400 y 500 viviendas hechas de lajas de piedra, sin argamasa, que se elevan un metro desde el suelo. “Existe el Consejo del pueblo de Tastil”, afirma Vitry, conformado por 14 comunidades de la Quebrado del Toro, que se autoproclaman descendientes de los tastiles.

“Siguen tomando decisiones”, sostiene Carlos Stengurt, referente en turismo comunitario en Salta, que trabajó en el territorio. “No la ven como ruinas, para ellos Tastil sigue viva, están cuidando su territorio”, afirma.

Algo curioso sucede: el espíritu de apertura de los tastiles se trasladó en el tiempo. “Campesinos y comunidades indígenas conviven aunque se identifiquen diferentes”, agrega Stengurt. “Mi padre fue uno de los primeros cuidadores de las ruinas”, confiesa Marcelina Zalazar, a cargo de la atención del Museo en Santa Rosa de Tastil. “Es nuestro patrimonio y se lo enseñamos a nuestros hijos y ellos lo harán con sus hijos”, manifiesta.

“Estoy buscando las preguntas que me hice de niño cuando conocí las ruinas”, recuerda Vitry. A los seis años pisó por primera vez Tastil. “Tengo una máquina del tiempo en mi cabeza, me preguntó cómo habrá sido la ciudad en su apogeo”, concluye. Por lo pronto, dedica su vida tratando de hallar esa respuesta.


Diario La Nacion

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