Gabriel Copa, el productor de los cerros que cultiva esfuerzo y solidaridad en la Puna

A 55 años, este trabajador de Santa Rosa de Tastil combina el cultivo de productos andinos con la ayuda comunitaria. Cada sábado se instala en la Ruta Nacional 51, en Puerta de Tastil, para vender el fruto de su trabajo y mantener viva la economía local.

En los cerros salteños, donde el viento y el sol moldean la vida cotidiana, Gabriel Copa es sinónimo de esfuerzo, constancia y solidaridad. Nacido en Santa Rosa de Tastil hace 55 años, este productor agropecuario se gana la vida cultivando la tierra y colaborando con su comunidad.

Cada sábado, Gabriel se ubica a la vera de la Ruta Nacional 51, en el paraje Puerta de Tastil —a unos ocho kilómetros de Alfarcito—, donde ofrece sus productos: papa andina, habas, arvejas, maíz capia, escabeches de verduras y deliciosos quesos elaborados artesanalmente.

Vive actualmente en el paraje San Bernardo de las Zorras y es padre de cinco hijos: José, Fernando, Álvaro, Ángel y la más pequeña, Elena, de 12 años, que asiste a la escuela de El Rosal.

Su historia no solo destaca por el trabajo agrícola, sino también por su espíritu solidario. Gabriel colaboró con sus vecinos en distintas tareas comunitarias, como la instalación de una toma de agua en Las Cuevas, junto a la Fundación Alfarcito en el proyecto “Impacto Verde en la Puna”. Allí realizó excavaciones, colocó mangueras, tanques y filtros, mejorando el acceso al agua para las familias del lugar.

Además de cultivar, Copa construyó con sus propias manos estructuras que optimizan su producción. Entre ellas, un refugio “Gualipini”, una especie de depósito bajo tierra que protege las verduras del sol y del viento, y un vivero semienterrado, diseñado para resguardar las plantas del clima extremo.

En ocasiones, cuenta con el acompañamiento del padre Oscar Ossola, párroco de la Capilla San Lorenzo Mártir, para vender sus productos. Sin embargo, los costos de transporte son uno de los principales desafíos que enfrenta.

Pese a las dificultades, Gabriel continúa sembrando no solo alimentos, sino también valores: trabajo, esfuerzo y compromiso comunitario. Su ejemplo es el reflejo de una vida dedicada a la tierra y al servicio de los demás, en uno de los rincones más nobles de la Puna salteña.

FUNDACIÓN ALFARCITO

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